Adiós amigo Evaristo

Evaristo Santos Elvira

El pasado martes 14 de junio recibí un WhatsApp donde se me informaba de la muerte de Evaristo Santos por infarto de miocardio, salía solo de GENERA y pude desahogar el profundo dolor que me causó esta amarga noticia.  Hacia una semana que habíamos comido juntos, como solíamos hacer periódicamente, y aunque le había visto degradarse en los últimos meses, ni por asomo podía imaginarme este desenlace.

Siempre admiré a Evaristo, un hombre hecho a sí mismo, quien a partir del bobinado de pequeños motores (cuando era todavía bachiller), montó su taller de reparación de motores y generadores que con el tiempo se convirtió en un referente en nuestro país. Admiré también su empuje e ideas para entrar en un sector nuevo como la energía eólica, en un ámbito tan complicado como es la reparación de generadores eléctricos, cuya importancia no siempre es reconocida. Comentaba con cierta sorna, como no dejaba entrar en su taller a los que él llamaba “pollitos”:  jóvenes auditores enviados por algunos clientes, a los que no estaba dispuesto enseñar gratis.

Nuestra amistad, rara avis en el ámbito profesional, se cimentó también por nuestra condición de sorianos, unidos además por el hilo fluvial del Duero, y guardo, ahora con más motivo, alguna baraja, insignia o llavero del Numancia que me regaló, aunque mi fervor futbolero era más limitado que el suyo. Jugaba mejor al mus que yo, lo cual nos permitió ganarles alguna partida a algunos colegas de grandes empresas, con algo más postureo que el tándem soriano.

También tengo que agradecer a Evaristo que me enseñó a admirar a la gente de oficio, lo que han aprendido sobre el terreno con la experiencia; especialmente en un momento en el que nuestro sector se ha convertido en un universo financiero, donde se ha perdido el contenido técnico y donde algunos agentes pueden ganar en un mes, lo que esta gente de oficio no ganará en toda su vida profesional. Desde entonces, me he convertido en un firme defensor de la Formación Profesional, lo que recuerdo en muchos de mis artículos o, por ejemplo, como un elemento clave de las Ferias EXPOFIMER.

Con todo, lo que más admiré en Evaristo es que era una gran persona. Siempre me apoyó en mis iniciativas asociativas, sea AEE o AEMER, y en enseñarme algunos rudimentos técnicos que a los ingenieros teóricos siempre nos faltaron. Tenía siempre ganas de seguir avanzando en nuevos negocios, por ejemplo, consolidarse en la reparación de multiplicadoras, lo que por desgracia ahora no podrá cumplir.

Que los vientos que mueven nuestros molinos te sean favorables querido amigo Evaristo y que te permitan alcanzar un destino feliz, cualquier que sea este.

 

Alberto Ceña

Secretario General

AEMER